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Las nuevas epistemologías

Conforme las tecnologías y las sociedades se vuelven más complejas, las epistemologías, como un rizoma, se desenvuelven en proporción. Por un lado, el posthumanismo expone una postura que cuestiona (con cierto desencanto) a la humanidad y su devenir; el transhumanismo, que busca un cambio en la esencia humana a partir de mejoramientos biotecnológicos; finalmente con el feminismo tecnológico se introduce la narrativa del género para repensar a la tecnología. A continuación se detallan algunos aspectos relevantes sobre cada corriente.

 

Posthumanismo

En términos generales esta corriente parte de que existe una condición posthumana en la que la estructura de la materia viva es capaz de la autoorganización. En otras palabras, existe un continuum  naturaleza-cultura en el que no necesariamente es “lo humano” lo que debe de estar en el centro de la atención.

 

Entender que se vive en la época biogenética llamada antropoceno, en donde “lo humano” es capaz de interferir directamente con todas las especies vivientes del planeta; es otra de las reflexiones del posthumanismo. Por lo anterior, esta corriente, con respecto a la otras dos, es la que adquiere para el humano un mayor compromiso sobre el resto de las formas vivientes. Se habla incluso de una “racha” significativa de actos inhumanos de los que es necesario escaparse y cortar.

 

Una de las problemáticas actuales que el posthumanismo subraya tiene que ver con la injerencia de la tecnología con las armas. Plantea, por ejemplo, la similitud que guarda un dron que se navega desde otro continente para acabar con vidas humanas, con respecto a la tripulación del Enola Gay que liberó las bombas que mataron a miles de personas.

 

Agregar el filtro del posthumanismo en el proceso de creación de nuevas tecnologías, puede ayudar a que al menos de origen e intención las tecnologías disminuyan la carga inhumana con las que muchas veces ya viene precargadas.

 

Transhumanismo

El aprovechamiento de las tecnologías para mejorar al ser humano es uno de los principios del transhumanismo. Para lo anterior, se considera que la humanidad no ha llegado al punto máximo de su desarrollo y para lograr acercarse o llegar ahí debe modificarse.

 

Si esta modificación sucede, se podría contar con nuevas especies transhumanas como los bioorgs (homo sapiens que fueron codificados proteínicamente); cyborgs (organismos cibernéticos híbridos mecano-biológicos); silorgs (especies hechas de silicio adaptadas con un ADN artificial para realizar tareas peligrosas; los symborgs (organismos simbólicos auto-reflexivos, auto-reproductivos y auto-conscientes; y finalmente el Cerebro Global Cuántico que se comportaría como una gran mente global con inteligencia y sabiduría superior a la humana.

 

Aunque los transhumanistas parten de conceptos posthumanistas, como la importancia de concebir al humano como parte de un gran todo, se pronuncian a favor de los trasplantes de órganos electrónicos, la ingeniería genética o las prótesis que sustituyen u optimizan las funciones corporales. La corriente transhumana profundiza, por ejemplo, en qué se entiende por “identidad humana”, si ya es posible hablar de la hipotética transformación de la mente a códigos binarios. Así es como surgen nuevos problemas filosóficos de la identidad y existencia humana.

 

Feminismo tecnológico

Las tecnologías de la información se abordan desde la narrativa de género, en este caso. Para sus exponentes la tecnología no solo afecta las relaciones y la definición de género, sino que también producen una renegociación de relaciones y una articulación de las identidades de género que serán performadas por los artefactos tecnológicos. Donna Haraway, por ejemplo, apuesta porque la neutralidad de los actores con respecto al género son realidad una ilusión.

 

Una de las corrientes del feminismo tecnológico es el ciberfeminismo, el cual limita su conversación a las tecnologías digitales o TICs, dejando a un lado otro tipo de tecnologías (como las domésticas o reproductivas). A propósito de lo anterior, Sherry Tukle insiste en la idea de que Internet ofrece la posibilidad de experimentar creativamente con los múltiples aspectos de la subjetividad que pasan a ser las identidades virtuales. Para ella, Internet es “la expresión material de la filosofía postmoderna” puesto a que desafía la concepción moderna de una identidad única poniendo en su lugar subjetividades fluidas y múltiples.

 

Para las tecno-feministas, la producción de tecnologías y sus algoritmos han sido dominados por lógicas patriarcales y masculinistas, tales como el control social, la guerra, la restricción de la información o el acceso cerrado. Por ende, una propuesta feminista para la tecnología implicaría la modificación o el rediseño de artefactos afines a los valores de la sororidad y del diálogo. El feminismo tecnológico discute además algunos dilemas éticos que tradicionalmente no se dialogan desde la narrativa de género, por ejemplo: la intimidación y el ciberacoso en Internet, la privacidad en Internet; y la libertad y la democracia en Internet.

 

Las nuevas epistemologías calibran la brújula que guiará eventualmente a las tecnologías que están por surgir. Entenderlas y discutirlas abonan principalmente a construir un mundo en el que la tecnología es capaz incluso de desprenderse de los “vicios ocultos” que la han acompañado desde el origen.

 

Bibliografía

·      Braidotti, R. (2015). Introducción. Lo posthumano. Barcelona: Gedisa. Pp. 17-32.

·      Sanz, V. (2006). Las tecnologías de la información desde el punto de vista del género. Isegoría. Revista de filosofía moral y política, 34(2), pp. 193-208.

·      Velázquez, H. (2009). Transhumanismo, libertad e identidad humana. Thémata, Revista de Filosofía, 41, pp. 577-590.