De labrador al cazador

Una reflexión de la mutación digital en el sujeto y la realidad cotidiana.

Del ciudadano al consumidor; del consumidor al prosumidor; del sujeto al proyecto, acotaciones que nos muestran un mutación, esto es, la redefinición del ser neoliberal. Un sujeto híperconectado, que es amo y esclavo de sí mismo (al ser entrepreneur), que tiene la capacidad no sólo del consumir sino de producir sus propios contenidos en una plataforma digital con alcance, y sobre todo, que se le reconoce como persona desde la lógica del consumo, y no tanto desde la de ciudadano (protegido por el Estado; el Mercado regula ahora las políticas estatales).

 

Ahora, entendiendo las características de este ser-devenir-digital, agreguemos una más que nos recomienda Chul Han para describirlo: del labrador al cazador. Y para ello, tendremos que retomar el pensamiento de Heidegger:

Para el filósofo alemán, el pensamiento podemos visibilizarlo analógicamente en la mano colectora de un labrador: sin esta recolección, en el sentido del espigueo y de cosechar la uva, no seríamos capaces de pensar. La persona pensante, el filósofo, el investigador, o la persona común y corriente tienen que labrar para adquirir la inteligibilidad: escuchar a la tierra y obedecerla para cosechar sus frutos. El pensamiento como mano de obra: el mundo es un misterio, un lugar obscuro que para que lo entendamos, tenemos que develarlo, leerlo, descifrarlo: hay una verdad oculta que debe ser arrancada.

 

En cambio, ahora a partir de las nuevas formas de devenir desde la conexión estilo Social Media y los artefactos que conectan la realidad offline con la online, el mundo y la forma de conocerlo han sufrido un cambio no menor: se ha construido una tierra digital de datos y no de suelo y subsuelo. Como lo dice el autor, la tierra del labrador heideggeriano está diametralmente opuesta a la digital, ya que la última engendra una coacción de transparencia: todo tiene que estar ahí abierto como información, accesible para cualquiera. 

 

Esto equivale a que lo que no es susceptible a ser-dato no existe, ya que se trata de construir una planicie comprable, aditiva y mesurable en términos equitativos y cuantitativos. Por ejemplo, está el caso de los Google Glass que totalizan la óptica de los cazadores y de la tierra digital, ofuscando, así, todo lo que es una presa, es decir, lo que no permite una información. La realidad offline se vuelve un dato, perdiendo otras cualidades no mesurables (como la experiencia del labrador) que en realidad son las que le dan sentido a la red y se escapan de toda deducción que el Big Data pueda deducir.

 

En estos términos, podemos decir que el “labrador” cede el paso al “cazador” en formato digital: un tipo de persona que no funciona pasivamente, sino que opera de modo activo con sus móviles digitales, que en los cazadores paleolíticos se llamaban lanza, arco y flecha. Los cazadores digitales no se entregan a ningún peligro, pues se limitan a cazar información con el mouse. La tendencia va hacia la digitalización de los objetos, del mundo en sí: las compras se vuelven digitales, y ahora las verduras ya no se tocan para estimar si tienen características recomendables (esa mano que buscaba develar la sabrosa verdura desde textura), ahora se elige una imagen digital que llegará a la casa: quién sabe cómo.  

 

En fin, sin llegar a radicalizar, y sin pensar que esta metáfora describe a toda la humanidad y personas por haber, el cazador digital es una nueva forma de subjetividad, de pensar y actuar en el mundo que surge a través de Internet. Un prosumidor, inmiscuido en la lógica del Mercado, que se ha vuelto un proyecto en sí mismo (un sujeto optimizable en vías de mejoramiento, siempre pensando a futuro), y finalmente, que caza datos, y sobre todo, pierde experiencias mundanas cuando opera únicamente en la realidad datificada, a pesar de que la red se construya del cruce entre la vida online y offline.

 

 

Antropomedia

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Referencias

 

Byung-Chul Han (2012). En el enjambre. Barcelona: Herder.