¿Por qué las personas se toman selfies?

Una explicación de por qué las personas se toman selfies desde dos posturas teóricas y filosóficas. 

Una pregunta del siglo XXI, y dos respuestas posibles de teóricos que escribieron hace ya unas décadas, allá por los setentas. La primera, podría decirse que se encuentra más inmiscuida en el imaginario colectivo, de hecho hay quien la encontrará dentro de su horizonte familiar, eso que algunos sociólogos y las personas de a pie llaman sentido común. La segunda, en cambio, es menos intuitiva por su misma naturaleza subrepticia, esto es, que depende totalmente de que se mantenga en la dimensión oculta para que siga funcionando, para que opere realmente desde lo eficiente.


Respuesta uno desde la hiperrealidad de Baudrillard. Las personas se toman selfies porque esta práctica se encuentra fuertemente arraigada en el individualismo desbordado por la lógica consumista neo-liberal. De hecho, este pensamiento y estructura política-económica que concibe a las personas como individuos productores y de consumo, separados y únicos, produce sujetos enfocados en su self. Es una especie de post-narcicismo: fenómeno que ya no reside, tal como Narciso, en únicamente observarse durante horas para contemplar los rasgos más estéticos del ser, sino ahora se trata de producirse, retocarse y crearse todos los días para presentarse de la forma idealizada ante los demás.


En suma, ha surgido una hiperrealidad de la realidad, un mundo donde los simulacros se vuelven verdades, y por consiguiente, el cuerpo (al que se le toma las selfies) opera como un elemento hiperreal de seducción y consumo, todo gracias al advenimiento de las tecnologías de la información que permiten que este fenómeno se revolucione desde los medios sociales (Facebook, Instagram, etc.).


Hasta aquí la primera respuesta.


Respuesta dos desde la noción de poder de Michel Foucault. La lógica selfie es parte de un dispositivo de confesión. Ya en La historia de la Sexualidad, Foucault había comentado que en al ámbito religioso, la Contrarreforma había extendido la confesión. Sin embargo, no se trataba simplemente de confesar los actos contrarios a la ley, sino intentar convertir el deseo, todo el deseo, en discurso. En este sentido, la confesión funcionaba como un dispositivo de poder, en el que se producía una verdad/saber de la población mediante la práctica de la confesión que surgía de la misma voluntad de las personas. El padre en turno, solo tenía que escuchar a los pecadores, para vislumbrar los más recónditos aspectos del ser de cada uno de los habitantes.


Ahora, en Internet, y especialmente en los medios sociales, nadie obliga a las personas a publicar sus fotografías tipo selfie. Sin embargo, esta voluntad es muy parecida a lo que describía Foucault. Se trata de confesarse todo el tiempo a través de los perfiles de Social Media, y esto no sólo incluye las imágenes selfie, sino también las publicaciones que hacen referencia a los pensamientos, a las biografías que trazan en detalle la vida cotidiana de las personas. De suerte que post a post se muestra mediante imágenes y contenidos, lo que las personas desean de sí mismas y de los otros, los aspectos privados de su ser.


Por tanto, subrepticiamente se ha creado un confesionario de multitudes que mediante programas algorítmicos que sintetizan la información, reconocen los detalles de las personas sin tener que ejercer ningún esfuerzo, más allá de controlar y propiciar el medio de confesión. Es aquí donde la lógica selfie embona muy bien con todo esto; en realidad, es parte del dispositivo de confesión que produce una verdad-simulacro, la cual, puede ser traducida a control y poder.


Fin de la respuesta dos (inspirada en el video de WiseCrack), y del artículo.


Luis Jaime González Gil

Maestro en Psicología Social por la Universidad Autónoma de Barcelona y Director de eResearch en Antropomedia 

Email: luisjaime@antropomedia.com


Referencias

Foucault, M. (1977). La historia de la sexualidad: la voluntad del saber. Madrid: Siglo XXI.

Baudrillard, J. (1978). Cultura y Simulacro, Barcelona: Kairós.





 

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