El mito del filtro del arcoíris

Desmitificando el mito del experimento: una explicación al fenómeno del filtro del arcoíris desde las ciencias sociales.

Es toda una discusión la que se ha originado en las últimas semanas. El acontecimiento que la ha producido es el filtro con los colores del arcoíris que se inmiscuyó de manera proliferada en las fotos de los perfiles de Facebook, como muestra de apoyo y celebración por el orgullo “LGBT”. Fenómeno colectivo que ha originado un debate que no tiene que ver no con la validez o la legitimación de tocar estos temas en público, sino con la idea de que detrás de todo esto se encuentra el equipo de Facebook, integrado de especialistas y científicos.

 

En concreto, hay quienes dicen que todo el movimiento colectivo fue originado por Mark Zuckemberg y compañía (equipo de sociología y data science). De modo que por debajo de todas las acciones humanas, por debajo del compromiso y apoyo que se expone desde la foto de perfil, por detrás de todas las discusiones y la voluntad colectiva, no hay más que un dueño/seductor de las redes cibernéticas (y  de este movimiento), gracias a su conocimiento impresionante de los sujetos y su capacidad de influencia inmensa y unidireccional. Se dibuja, así, una explicación desde una sola causa: todo fue parte de un experimento, y por tanto, las acciones que se originaron se deben no a las personas que utilizaron el filtro, sino a la capacidad de los científicos y experimentadores.

 

Sin embargo, afirmar esto es no reconocer las formas en que Internet y los canales online operan. Es creer que los usuarios son títeres y sus acciones dependen de los experimentos del otro, por no decir de los verdaderos “dueños” de Facebook. Y es, sobre todo, quitarle la capacidad de agencia a las personas (creadoras de los perfiles) que se encuentran en estos medios sociales, dibujándolos como zombis, tal como la teoría de la aguja hipodérmica, que sólo reaccionan ante los mensajes de los que controlan las plataformas digitales.

 

Facebook, o su equipo,  pudieron haber brindado la oportunidad de cambiar la fotografía con el filtro, pero la consecuencia no depende totalmente de sus intenciones o planes; más bien las personas fueron las que re-significaron este aspecto, le dieron un uso, la compartieron, la discutieron y la aceptaron; hay una capacidad de agencia en red (no individual o individualista) que puede modificar, rechazar o consumir cualquier propuesta o contenido.

 

En Internet la lógica de las conversaciones y acciones no es lineal, no depende de un solo centro eje rector, sino más bien es, como diría Deleuze, rizomática: carece de una jerarquía establecida determinante, de un centro que domina a los demás permanentemente. A diferencia del árbol, el cual tiene un centro (eje central) que produce y es el origen de las ramas, en el rizoma cualquier elemento puede afectar a otro, y por ende, la estructura y el centro de poder siempre cambian, están sujetos a las operaciones locales que producen su ensamblaje o constitución.

 

Pensar que todas las acciones son el resultado de un “experimento origen” o una manipulación es una cuestión inexacta. Más bien, se puede aseverar que detrás del filtro hay un estudio estadístico que captura las acciones humanas: si bien es cierto que la invitación a cambiar los colores de la foto del perfil permite la recopilación de datos que pueden ser analizados por un equipo, no es tan exacto deducir que este fenómeno se debe a una acción científica que condicionó a los individuos cibernéticos, ni un trabajo de manipulación por un personaje que conoce a la perfección a todos los que tienen una cuenta creada en Facebook.

 

Nada de enajenación o administración de masas. No fue la mente maestra la que originó que todos como borregos comenzarán a utilizar el filtro, para que pasara esto la invitación tuvo que pasar por acuerdos, resistencias, diálogos, es decir, un acción bidireccional, o dicho con más precisión, multidireccional. Deslegitimar esta acción colectiva (cambio de filtro) asumiendo que todos los involucrados son parte de un experimento controlado, es un argumento simplista que no reconoce la complejidad de las redes cibernéticas actuales, las cuales, no funcionan desde la unidad y la simpleza, sino desde lo complejo y la multiplicidad.

 

 

Luis Jaime González Gil

Maestro en Psicología Social por la Universidad Autónoma de Barcelona y Director de eResearch en Antropomedia

Email: luisjaime@antropomedia.com

 

 

Referencias

  • Deleuze, G. & Guattari, F. (1977). Rizoma: Introducción. Valencia: Pretextos.
  • Lozano, J. (1994). Teorías e investigación de la comunicación en masas. México. Alhambra Mexicana.

 

 

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