Internet: un duelo bélico

Pensemos Internet como un sitio envuelto en tensiones, forcejeos, dominaciones y reconquistas; en una palabra: bélico. En este sentido, se trata de un lugar -tanto físico/virtual como simbólico- en donde el territorio se pelea constantemente mediante una tensión permanente de jala y suelta, de acepta y rechaza, de conserva y libera, de atención e ignorancia, que por ahora se ha inclinado hacia un resultado: la victoria de la lógica del mercado y consumo, al apoderarse subrepticiamente de nuestras acciones voluntarias neoliberales.

 

Foucault diría que dentro de esta cíber-guerra, lo que ha posibilitado esta victoria es una economía de poder que ya no aniquila a los cuerpos frente al rey, sino que es mucho más inteligente y eficiente: ahora traduce nuestra libertad mediante una tecnología de vigilancia, sujeción y control poblacional materializada en bits y datos estadísticos desprendidos de todas nuestras acciones. Ergo, el individuo que domina ya no tiene que esforzarse para controlar al pueblo, o por el ritual de horas que despedaza al cuerpo en la plaza pública, simplemente aprende de la población desde el mar de información que desprende en su cíber-caminar.

 

Sin embargo, quedarnos con este punto es pecar de ingenuos, y como sabemos, la ingenuidad es ciega o no quiere ver. Pese a todo este aparato impresionante de poder, para De Certeau siempre hay una posible salida, esto es, que el dominado siempre tiene mil maneras de hacer y deshacer el juego del otro, un placer de eludir las reglas en un espacio limitado. Todo tiene que ver con qué tan táctico éste sea, es decir, cómo saca provecho de las condiciones impuestas sin ir en contra del poder. Se trata de pasar por desapercibido, haciendo de lo impuesto lo que uno quiere.

 

Tratemos de pensarlo en Internet. Por más que Facebook, Twitter, Instagram y compañía tengan un fundamento de carácter comercial y pretendan medir nuestro comportamiento online, las personas tienen la capacidad de resistir e ir contracorriente. Por ejemplo, si el dispositivo depende de la libertad de los individuos, éstos pueden no promover sus datos, inventar escenas, manipular situaciones e imágenes, en suma, ser discontinuos en sus biografías. Una amalgama de jugarretas que descontrolan la medición y análisis estadístico neoliberal que cosifica la acción humana en un dato en pro del consumo.

 

Otro ejemplo: en estos medios sociales, uno no es un zombi que consume todas las pautas comerciales, también puede ignorar y apropiarse los contenidos comerciales, pensarlos como spam, enemigos, manchas, e invasores a la privacidad, y no como textos que nos ofrecen algo deseable. De modo que es en este uso donde cambiamos lo que significan las cosas, a pesar de que el productor se esfuerce y piense en la mejor forma para mostrarnos banners y ofertas. Somos prosumidores (producimos y consumimos), no consumidores pasivos.

 

Sin embargo, de nuevo la ingenuidad ataca. Estos ejemplos no son una victoria definitiva en contra de toda la red neoliberal en la que nos encontramos inmersos. El sistema puede adaptarse a estas discontinuidades, y volverlas continuidades (en el caso del primer ejemplo), convirtiendo así nuestro desorden en un orden. Y, en cuanto al segundo ejemplo, los productores pueden aprender de las formas que ignoramos para mostrarnos otras caras de publicidad, más atrayentes, y por tanto, que nos introduzcan de nuevo, sin darnos cuenta, a la lógica del mercado consumista. De nuevo, estire y afloje, ida y vuelta, así sin parar.

 

Recordemos que Internet es una guerra de tensiones, en donde, tanto dominados como dominantes tiran las cuerdas, pierden en ocasiones, se desprenden del poder en otras, y de vez en cuando, se conforman con victorias simbólicas, esas que según De Certeau aprovechan la ocasión tácticamente para resignificar los momentos y espacios (no cambiarlos), son pequeños logros discretos que nos dan un goce, un gusto temporal, a pesar de estar dominados.

 

 

 

Por Luis Jaime González Gil 

Maestro en Psicología Social por la Universidad Autónoma de Barcelona y Director de eResearch en Antropomedia

Email: luisjaime@antropomedia.com

 

 

Referencias


De Certeau, M. (1999). La invención de lo cotidiano: artes de Hacer. México: Universidad Ibeoamericana.

Foucault, M. (1975). Vigilar y castigar: Nacimiento de la prisión. Francia: Gallimard.

Foucault, M. (2007). El Nacimiento de la Biopolítica. Curso en el College de France. México: Fondo de Cultura Económica.


 

 

 

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