La risa online

La risa no para; este gesto social se multiplica y expande en los espacios de las ciudades, desde sus plazas públicas hasta sus esquinas recónditas occidentales (el baño es una). Funciona como una especie de virus o bacteria o, dicho con más propiedad, así como lo explicarían los sociólogos inspirados en la epidemiología y el contagio bacteriológico de Pasteur y Koch, la risa funciona como un gesto fundado en y por el contagio emocional; propiedad que le permite escurrirse en las multitudes sin freno alguno, a menos que haya una reprimenda severa, tal como lo hacen los profesores cuando se encuentran dando su cátedra que requiere silencio absoluto.

 

Todo esto ya se ha dicho con antelación. Bergson, en 1899, comentó que no hay comicidad fuera de lo humano, ésta no existe, no tiene posibilidad de emergencia. Pero, sobre todo, argumentó una cuestión no menos importante, y que se relaciona con lo dicho en el párrafo anterior: “la risa siempre es la risa de un grupo”. Se necesita que exista otro a quien dirigirla, aquél con quién compartirla, o al menos, un contexto lleno de objetos o animales que se definen como un ridículos a partir del lenguaje humano, que resulta que no le pertenece a nadie, es un ente social.

 

Se pasa del gesto individual a un gesto social: la risa es estrictamente un fenómeno colectivo, para entenderla uno tiene que ponerla en su entorno natural, que es la sociedad. De hecho, visto desde este punto, el acto de reír más que ser una reacción biológica, se puede explicar desde su función social que según Bergson es, ante todo, una corrección. La risa se traduce, en algunos momentos, como un acto hecho para humillar, ésta tiene un efecto performativo (Butler, 1990): trata de eliminar ese tipo de acciones, causando en la víctima una impresión dolorosa y produciendo -al ser un acto social- una resonancia en los espectadores de lo que “no” se debe hacer. Juego entre víctima (el distraído), verdugo (el que denota lo ridículo) y pueblo (espectadores risueños).

 

La risa, en estos casos, contiene una dosis o sabor amargo, seco y tajante. Su función consiste en castigar ciertos defectos más o menos como la enfermedad castiga ciertos excesos; y aunque en ocasiones genera placer tanto en los espectadores como en la víctima, esta especie de relajación o distensión no es más que su preludio, un elemento situacional seductivo que finalmente consigue su objetivo: señalar y sancionar al rígido (alguien que tropezó por no adaptarse al camino) y al distraído (algún vanidoso que sólo mira el espejo) a pulso de carcajadas.

 

¿Cómo se imprime toda esta discusión en Internet?

 

R= Buscando la risa en su versión 2.0 y ver sus efectos performativos en la red.

 

Entre texto y texto es muy factible observar en los medios sociales un sinfín de “jajajaja” o “hahahaha” (versión anglosajona) que denotan la risa que les provocan los videos, comentarios, imágenes o memes que se cuelgan en la red. Así, resulta que la risa offline, de alguna u otra manera, muta hacia este tipo de expresiones (incluso el like a veces significa risa); y es en estas derivaciones en donde se puede observar la misma función que Bergson enunció en sus ensayos: señalar al distraído, al rígido, al que debe ser corregido.

 

Ejemplos sobran: videos en donde alguien se equivoca o tropieza, frases con mala ortografía, gustos culposos musicales que aparecen en Spotify… Se trata pues del mismo fenómeno: un señalamiento masivo que humilla al expuesto colectivamente.

 

Sin embargo, aquí una acotación: en Internet la resonancia tiene la capacidad de expandirse más que en el devenir cotidiano. Los efectos ya anunciados por Bergson proliferan en este gesto social 2.0 de carácter alegre; ergo, la cíber-risa tiene efectos más pronunciados, al menos en cantidad y en términos bacteriológicos y epidemiológicos.

 

Habrá que pensar qué efectos puede traer esta nueva versión de la comicidad: hay quienes ya hablan del ciberbullying, pero más que eso, podríamos pensar en el incremento multitudinal de la resonancia performativa, es decir, en la incorporación masiva por parte de las personas de lo que no se debe hacer (por ridículo) desde sus propias carcajadas originas en las interacciones online.

 

 

Por Luis Jaime González Gil

Maestro en Psicología Social por la Universidad Autónoma de Barcelona y Director de eResearch en Antropomedia 

Email: luisjaime@antropomedia.com

 

 

Referencias

 

Álvaro, J. (1995). Psicología social: perspectivas teóricas y metodológicas. Madrid: Siglo XXI.

Bergson, H. (2011). La risa: ensayo sobre el significado de la comicidad. Buenos Aires: Ediciones Godot.

Butler, J. (1990). El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad. México: Paidós, 2001.





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