¿Son los movimientos sociales una moda?

 

Florencia González Guerra


Las plataformas sociales como Facebook nos permiten tomar parte de un apasionante debate. En días pasados llegué a leer un post de alguien que categorizaba los movimientos sociales como una moda. “Ahora esta de moda ser activista y participar en manifestaciones”, y sugieren que es por esto que la gente postea información en sus perfiles.


Como estudiante de periodismo me siento obligada a compartir la información que considero importante para que mis contactos la lean, y así se genere un juicio diverso sobre los acontecimientos actuales del país. Sin embargo, me he encontrado comentarios que nos desprestigian como individuo y como colectivo; y es que no me limito a suponer que mis acciones y mis sentimientos son mera “moda”, para mí sería pensar que mis impulsos, mi actuar y mi manera de discernir la realidad están meramente preestablecidos a seguir “La Moda”, y me rehúso a encasillar mis acciones como tal.


El tipo de comentarios van desde el “mejor ya pónganse a trabajar, huevones” hasta “dejen de publicar información que lo único que hacen es alejar al turismo del país”, y es que se utiliza el concepto de moda para sugerir que los manifestantes son acarreados, borregos, y seres que sin motivo aparente siguen a la mayoría.


Es necesario dinamizar la discusión y esclarecer ¿por qué los movimientos sociales son vistos como moda?


Entablemos diálogo:


Iván Segura


Me parece que hay dos acepciones que podemos considerar para pensar en moda, una de ellas tiene que ver con un modelo estadístico en el que la «moda» es el valor que más se repite en un grupo de datos. En el caso de los movimientos, podemos sustituir la palabra valor por conducta, de modo que la conducta que más se repita en un grupo de datos (que en este ejemplo serían personas) es la moda. Por ello pareciera que la moda agrupa prácticas (opinar, marchar, convocar, difundir) que pueden ser clasificadas como conductas que tienen los integrantes de movimientos sociales, entre más se repitan estas conductas en una población determinada más parecen estar “de moda”.


La otra acepción pienso que es de orden sociológico, se trata una herramienta de identificación y significación social, un ejercicio de reconocimiento de prácticas homogéneas. Esto consistiría en un movimiento inverso al estadístico, se trata pues de poner en marcha operaciones especificas que se vuelven credenciales para hacer asequible una identidad predominante, algo que se puede enunciar de manera literal como: si me manifiesto, entonces pertenezco a al grupo de manifestantes, por lo tanto yo soy también uno de ellos, de modo que me he unido a lo que está de moda.


Yo sospecho de ambas, para mí es difícil creer en la universalidad de los conceptos, sobre todo porque considero que la producción teórica, y no me canso de repetirlo, es también una producción política, vale decir que esto tiene que ver con una posición libertaria en la cual me asumo. No me parece que estas acepciones sean diferentes, por el contrario, sus pretensiones se yuxtaponen, ambas son herramientas de identificación que tienden a justificar su acción en el conocimiento que producen, pero es bien sabido que las prácticas de saber producen efectos más allá de decirnos que un grupo de jóvenes han puesto de moda la movilización.


Pues bien ¿qué efectos tiene estar a la moda? La primera mina-antipolítica que encuentro es la de negar los problemas políticos concretos traduciéndolos a un mero dato, siguiendo la línea de Agamben que sugiere que los gobiernos atienden los efectos y no las causas, y con ello se ven obligados a extender y multiplicar los controles, la información estadística es una operación de control, no es casualidad que los reportes de las manifestaciones, y la actividad en redes se hayan traducido a números y no a significados, sabemos que hay más de 40 mil personas en la calle pero ¿qué significa que haya 40 mil personas en la calle y qué tipo de afectos produce el encuentro de todos esos cuerpos? Lamentablemente eso nos ocupa ahora, lo que incumbe es el tipo de subjetividades que subyacen a las modas, y que son uno de los efectos del uso del concepto moda.


En ese sentido, el de la producción de subjetividades,  me parece que la antipatía que generan los movimientos de jóvenes no es para nada accidental ni confusa, por el contrario, podría decir que nos habla en un idioma que conocemos bastante bien y nos es bastante claro: el del capitalismo.


No deja de ser significativo que parte de las críticas que se hacen contra una movilización devenida moda sean del tipo económico, como si todas las consecuencias pudiesen medirse en el bolsillo,  también se cuestiona la practicidad involucrarse, parece que hay que responder ¿de qué sirve decir lo que pienso? ¿De que sirve marchar? ¿Para qué informar? Hay un clamor incontenible por encontrar los resultados de las protestas instantáneamente, resultados que tienen que ser pragmáticos, tangibles, cuantificables.  El tiempo y la manera en la que gestionamos el tiempo en el ritmo del capital conspiran contra la paciencia y la potencia que podemos encontrar si decidimos hacer juntos (actividad que toma su tiempo). Hay una premura por resolver todo de tajo, en un movimiento, la urgencia conduce las vías de acción ¿no es esta una idea propia de la producción de mercancías?


Por otro lado, surgen voces que arguyen que el cambio esta en uno mismo, empezando por tomar conciencia, se trata de hacer únicamente un ajuste estratégico en la manera en que vivimos, apostar porque el cambio está en uno mismo, es resolver que es el individuo y no el sistema lo ha fracasado, no es otra cosa que romper los vínculos con el destino colectivo, Guattari diría que estamos sufriendo una castración, sometiendo la vida afectiva y deseante a una organización totalitaria; los problemas de orden sistémico son reducidos a percepciones personales, la posibilidad de acontecimiento se vuelve privada.


Para Guattari habría que desafiar los modos de producción de deseos, las relaciones entre el goce y el poder, el cuerpo y el sujeto. Quizá entonces surjan preguntas del tipo ¿cómo hacer?, ¿quién?, ¿en dónde pasará esto? Y es ahí dónde los medios sociales se convierten en artefactos de construcción de identidades disidentes, de resistencias y de encuentros; Foucault apuntaba que no podíamos cambiar el mundo sino cambiábamos las relaciones ¿pueden las redes sociales modificar las relaciones y la forma en la que nos vinculamos con el discurso de moda?


Luis González


Me parecen muy certeras las dos connotaciones de la moda que mencionas Iván: la estadística y la sociológica. Y es aquí donde creo que lo que ha predominado en la academia, y un poco en el sentido común, es la connotación estadística. Resulta más conveniente, para ejercer el poder, construir conocimiento científico, práctico, digerible para el capitalismo, pensarnos como un dato moldeable, conciso y estructurado que como grupos o lazos que en sus interacciones se llegan a identificar adquiriendo una moda cualitativa. Bien lo dice Foucault, cuando dio su conferencia Seguridad, Territorio y Población, que cuando comenzó el liberalismo se ejercieron nuevos modos de producción de verdad: el reconocimiento de los elementos que componen el Estado, es decir, la población.


Y es aquí donde entra la estadística, que etimológicamente es el conocimiento del Estado, o en otras palabras, de su población, de sus fuerzas y sus recursos: medida de su cantidad, de mortalidad, de natalidad y estimación de diferentes categorías de riquezas virtuales para traducirlas en un conocimiento práctico que el soberano (presidente) pueda utilizar para gobernar. La moda es un elemento trascendental en las prácticas neoliberales de sujeción y soberanía: a partir de ella se puede conocer el comportamiento “natural” de la población, de su consumo, de sus actividades: y es ahí donde el saber se vuelve poder; poder/saber diría Foucault.


Sin embargo, creo que pensar que el significado de moda proviene solo de estas dos connotaciones puede resultar erróneo -o no tan certero- en el análisis de lo que Florencia menciona. Para ello, tendría que haber un análisis discursivo, es decir, de las acciones o actos de habla de las palabras en las que se enuncian los tuits, comments o discusiones. El significado de las palabras no es estático, no se deriva únicamente de lo que las ciencias o disciplinas dicen del concepto. De modo que su contexto discursivo puede dar muchas claves de la forma en que se significa la palabra “moda” cuando se ataca a los movimientos sociales; la cuestión está en enfocarnos en la conversación, y desentrañar el efecto de la oración en la situación: puede ser deslegitimación, pero también puede ser una forma de socializar con el otro, e incluso, invirtiendo, una forma de enaltecer los movimientos sociales.


Ahora bien, sobre lo que mencionas de Guattari, se me vino a la mente Bauman cuando dice que en este mundo de consumo individualista, la mayoría de nosotros nos vemos obligados a buscar soluciones biográficas a unas contradicciones sistémicas. Y creo que es eso, también, lo que impide que veamos las marchas como algo que puede contribuir al cambio: es un movimiento colectivo, el cual, no tenemos control absoluto y tampoco vemos sus efectos de inmediato. En cambio, tirar la basura en su lugar, respetar al otro es un cambio personal, que nos gratifica y nos da la sensación de control.


Por otro lado, me parece que la moda tiene dos filos: produce individualización, ya que en este mundo la moda se presenta de forma individual, enaltece al sujeto, lo vuelve único, a pesar de que consume ropa que utiliza la mayoría. Pero al mismo tiempo homogeneíza a las personas, volviéndolas parte de la masa, es decir, como diría Le Bon, un ser afectivo –no racional- que conforma algo más grande que lo supera. Y es en este segundo efecto de la moda el que se toma para desprestigiar cualquier movimiento que se haga en colectivo: el sujeto pierde su valor como individuo único y original.


Florencia González Guerra


Considero que podemos conectar puntos muy interesantes; Iván menciona que las prácticas del saber producen efectos más allá de decir que un grupo de jóvenes han impuesto la movilización como moda, podemos empezar a pensar que los movimientos sociales surgen después de atravesar una crisis, y eso nos da pie para pensar su definición:


Creo que un movimiento social como el que se vive en México podría ser moda solo por la repetición del hecho, o como antes se menciona, como modo de sociabilidad e identificación en un grupo;  se podría desmenuzar más la idea y el concepto como lo menciona Luis, pero al saber que históricamente los movimientos sociales surgen por una crisis intuyo que es el resultado de que nosotros jóvenes utilicemos este método para compartir e identificarnos los unos a los otros.

Luis cita a Bauman y menciona que se buscan soluciones dentro de nuestro bagaje de experiencia para entender y actuar sobre este mundo de consumo capitalista e individualista y que esto impide que veamos las marchas como algo que puede contribuir al cambio, por lo tanto hay que hacer reflexión sobre porqué nuestras ideas vienen establecidas sobre los movimientos sociales.


Observo que en las marchas lo que está sucediendo es que nosotros como individuos comenzamos a vernos como colectivo, comenzamos apropiarnos de las calles y coincidimos que es posible organizarnos para convocarnos y llevar una comunicación más acertiva de lo que se nos impone, pues en estas marchas las personas se acercan, se reúnen y dialogan.


Las marchas han llegado a un punto en el que muchos nos preguntamos “bueno y luego ¿qué?”, y es ahí cuando reducimos las marchas a un concepto de moda, pues no se observa un resultado tangible y creemos que como cualquier moda también esto será pasajero.

En mi experiencia lo que puedo comentar y aportar es que sí, el desarrollo no se guía por soluciones objetivas, sino que se trata de ir entretejiendo lazos, nexos para construir comunidad y compartir un tráfico de información en el que se nos enseñe a vivir, si así se quiere, de la manera menos dependiente al sistema.


Las marchas han logrado ya su objetivo y se ha logrado ver el nivel de convocación que se puede llegar a alcanzar. Los efectos que producen las modas van más lejos de lo que nuestra mirada pudiera llegar a cuantificar, y en el caso de las marchas el objetivo es comunicar y eso es algo que no se puede contabilizar.

Por último me gustaría rescatar la cita que menciona Iván en la que dice, apostar a que el cambio está en uno mismo es decir que el individuo es el que ha fracasado y no el sistema, el cambio como individuo ha dejado de ser suficiente, y en lo personal concluyo con que la moda refiriéndose a los movimientos sociales termina por ser valida solo si esta persiste, promueve la movilización y el desarrollo de un colectivo, ya que al dejar de ser visto como individual se transmuta el concepto y pasa hacer un motivador del cambio social.

 


Por Luis Jaime González, Florencia González e Iván Segura

Email: luisjaime@antropomedia.com

Florenciaglezguerra@gmail.com
ivansegura.michel@gmail.com

 

 

Referencias

  • Bauman, la sociedad invidualizada, es editorial Cátedra 2001
  • Foucault, M. (2006). Seguridad, territorio, población: curso en el Collège de France: 1077-197. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica. 
  • Guattari: Escrito publicado originalmente de manera anónima en la revista francesa Recherches n° 12, 1973, edición consagrada a una “gran enciclopedia de las homosexualidades” titulada “Tres mil millones de pervertidos: Gran enciclopedia de las homosexualidades”, en la que participaron Gilles Deleuze, Michel Foucault, Jean Genet, Guy Hocquenghem, Daniel Guérin, Jean-Paul Sartre, entre otros. 
  • Ponencia leída por el filósofo Giorgio Agamben en el Instituto Nicos Poulantzas / Juventud SYRIZA, Atenas, Grecia, noviembre de 2013


 

 

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