Posturas para estudiar Internet desde la psicología social

Dicen algunos autores que la psicología social se ha dividido o bifurcado en dos, o al menos así han entendido lo que ha pasado con esta disciplina que tiene sus orígenes en una serie de ensayos etnográficos que se suscitaron en Rusia en el siglo XIX, o más tarde en la psicología de los pueblos de Wundt y la psicología de las masas de Le Bon, Tarde y compañía (Álvaro, 1995). 

 

La división es la siguiente: por un lado se encuentra la psicología social psicológica, y por otro la psicología social sociológica. La primera aboga más por el método experimental y el reduccionismo psicológico; la segunda por el método interpretativo y el análisis de los procesos simbólicos, culturales e históricos. La PSP define al sujeto como un producto o esencia que se va modificando por factores sociales; en cambio, la PSS, desde su epistemología (forma de conocer-ver el mundo), no traza un sujeto esencial, éste es construido por las interacciones, y a la vez, participa en esta construcción: un ser-proceso, un devenir constante. 

 

Plastilina Moldeable vs Tejido sin Costuras, diría Tirado (2004). Desde la psicología social psicológica, la división sociedad-individuo es bastante clara, es decir, se trata de una relación de exterioridad: hay un sujeto que se deja influenciar por una sociedad, un juego dialéctico, pero ambas esferas se distinguen notoriamente: la plastilina representa lo psicológico y la mano lo social; y por más que la mano pueda modificarla y moldearla, la plastilina no dejará de ser plastilina; hay un plastilinidad psicológica distinta a la anatomía social de la mano.

 

En el caso del tejido sin costuras, metáfora instalada por la psicología social sociológica, la división es difusa -no sé sabe en dónde empieza la sociedad o dónde termina el individuo-, el individuo y la sociedad son como un tejido sin costuras, de modo que explicar simbólicamente la estructura social da pie para entender conductas individuales, y viceversa; toda una relación de interioridad.

 

Esta diferencia (PSP vs PSS) no es una cuestión menor en el estudio de Internet desde las ciencias sociales. Si uno se posiciona desde la primera, lo más seguro es que se centre en las bases instintivas o del comportamiento que se reproducen en Internet (McDougall o Allport), o los procesos cognitivos que intervienen en la forma de actuar de los cíbernautas (Bandura, Heider o Kelly), o los esquemas mentales que permiten a las personas entablar conversaciones vía online (Fiske y Taylor). En todas, el punto central es el sujeto y los elementos cibernéticos externos (sitios-web, contenidos, significados, espacios online) sólo contribuyen o interfieren un poco a su adaptación al medio, pero no son la clave para entender los fenómenos sociales:

 

"Quítense estas disposiciones instintivas con sus poderosos impulsos y el organismo será incapaz de realizar actividad alguna; permanecería inerte y sin movimiento [...] Los impulsos son las fuerzas mentales que dan forma a todos los aspectos de la vida de los individuos y las sociedades" (McDougall, 1908).

 

Ahora bien, si uno mira desde la PSS, la cosa cambia bastante, se re-direcciona. El centro ya no es el individuo, sino el medio: las interacciones que se generan en Internet desde lo simbólico (Mead, Goffman o Blumer), el lenguaje, esto es, los discursos y narrativas que construyen tanto al cibernauta como los espacios online (Gergen, Potter, Shotter, Ibáñez), las representaciones sociales que moldean la actividad digital (Moscovici y Jodelet), las relaciones de poder que se encuentran inmersas en la red (Foucault), las explicaciones o significados compartidos sobre la cotidianidad del cíber-mundo (Garfinkel)... Aquí el foco es la comprensión de lo simbólico, entender lo que permite que la realidad se instale de un modo particular (y no otro), ya sea mediante el análisis [net]nográfico, discursivo, interactivo o teatral diría Goffman.

 

Con todo esto, habrá que pensar cada quien en qué lugar se ha posicionado en su intervención e indagación de las relaciones cibernéticas. No se trata de elegir cuál es la mejor (sería absurdo), sino de comprender de qué manera se traza al individuo y la sociedad en el mundo online para visibilizar nuestro a priori epistémico, y por consiguiente, sus consecuencias pragmáticas, limitantes que conlleva, e incluso, en la medida de lo posible, las formas de converger de ambas posturas [Álvaro (2003) expone una propuesta de relacionar el interaccionismo simbólico con el cognitivismo; ambas piensan en el individuo como un ente activo].

 

 

  

Por Luis Jaime González Gil

Maestro en Psicología Social por la Universidad Autónoma de Barcelona y Director de eResearch en Antropomedia 

Email: luisjaime@antropomedia.com

 

Referencias

  • Álvaro, J. (1995). Psicología social: perspectivas teóricas y metodológicas. Madrid: Siglo XXI.
  • Tirado, F. (2004). El cómo y el porqué de la psicología social. En: Ibáñez, T. (coord.) Introducción a la psicología social. Barcelona: UOC

 

 

 

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