La metáfora en la investigación

La vida está hecha de metáforas, o al menos se constituye a partir de ellas. En lo cotidiano, todo el tiempo las personas argumentan frases como “llegué volando”, “este sujeto es un animal”, o le dicen a su pareja “tus ojos son todos los océanos en uno”, e incluso, de forma científica, los de bata afirman que “los hechos demuestran que la alucinación es provocada por un defecto en la retina (parte del ojo)”, cuando uno sabe que si se representara esta frase en una imagen o pintura sería algo irreal desde el paradigma científico-positivista, más bien tendría que ver con una expresión surrealista, una analogía posmoderna. Los hechos no demuestran, los científicos sí, por tanto, la expresión es también una metáfora (aunque provenga de un científico).

 

Incluso, como diría Fernández, todo lenguaje, ya sea cotidiano, musical o matemático es de carácter metafórico, esto es, que habla de otra cosa, enuncia las escenas con las que se originó dicho lenguaje. El ejemplo que utiliza beneficia más la comprensión de esta idea:

 

“La frase “me caes mal” es una metáfora que describe la escena de un cuerpo precipitándose pesadamente sobre otro, con lo cual puede uno acercarse a la realidad corpóreo-fáctica del sentimiento referido, de donde se puede entender porque los que nos caen mal son unos “pesados”. Puede advertirse, de paso, que dicha escena es una interacción (Fernández)”.

 

Viéndolo así, es posible atreverse a argumentar que toda investigación es una metáfora de su objeto de estudio. Cada metáfora enunciada (ejemplo: Internet, para las personas, es una brújula) y cada palabra que se escribe moldea una realidad que no está inscrita en el documento mismo, y en especial, cada coma y punto que se teclean le dan énfasis a ciertas ideas acerca de lo que el texto quiere trazar: una tribu amazónica, una comunidad online, las significaciones occidentales y los íconos orientales. Al final, es la forma sintáctica y todos los recursos literarios los que generan un texto comprensible que dibuja metafóricamente de una forma (y no de otra) su objeto de estudio.

 

Sin embargo, la tarea no consiste en explayarse a diestra y siniestra con las palabras que se utilizan. Según Borges, Aristóteles, en su libro Retórica, mencionaba que las metáforas deben ser utilizadas como una intuición sobre una analogía entre dos cosas disímiles. Y por ahí otro autor, Midletton Murry, comentaba que una metáfora no debía ser utilizada si no llegaba a sorprender, es decir, mostrar un aspecto que antes no había sido notado.

 

No se trata de ir al estilo de Quevedo y compañía, añadiéndole detalles a la escritura por una cuestión artística, y no con propósitos de documentación e indagación. Dar un reporte de investigación o buscar una metáfora que haga más comprensible la realidad estudiada no tiene nada que ver con el barroquismo: el adorno excesivo del documento, o en palabras del propio Borges, con aquel estilo que deliberadamente agota (o quiere agotar) sus posibilidades por simple estética intelectual.

 

En términos prácticos, el lenguaje y las metáforas que se utilizan para dar un reporte de investigación tienen que simplificar la realidad estudiada (no confundir al lector), pero sobre todo añadir algo más a la discusión: entrever formas de vida que antes no habían sido abordadas, mostrar una nueva visión mediante la analogía de cuestiones que, de golpe, pareciera que no tienen nada que ver (Internet como un espacio terapéutico, por ejemplo).

 

Así el reto: en el ámbito de indagación, los datos y la información tienen que mostrar lo que está latente (pero no se ve), o mejor dicho, los modos de vida en los cuales, de modo inconsciente, descansamos o descansan otras culturas, sin llegar a confundir más al lector.

 

Luis Jaime González Gil

Maestro en Psicología Social por la Universidad Autónoma de Barcelona y Director de eResearch en Antropomedia 

Email: luisjaime@antropomedia.com

 



Referencias

 

  • Borges, J.L. (1936). Historia de la eternidad. Debolsillo: Buenos Aires.
  • Borges, J.L. (1935). Historia universal de la infamia. Debolsillo: Buenos Aires.
  • Fernández, P. (2010). El lenguaje cotidiano como dato empírico y la teorización como investigación científica en psicología social. Diálogos Acá: apuntes para una psicología Pop. Recuperado el 29 de Mayo del 2014, en http://dialogosaca.blogspot.mx/2010/01/el-lenguaje-cotidiano-como-dato.html

 

 

 

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