Performatividad en Facebook: like vs ignorar

Más de lo que uno esperaría, las acciones humanas tienen sus efectos en la construcción de la cotidianeidad, y no se trata de la fórmula física, más que citada, de “acción-reacción”, ni tampoco de la otra especie de cliché: “el todo es la suma de sus partes”; fuera determinismos lógicos/constantes o racionalidades matemáticas precisas, nada de eso. Más bien, tiene que ver con prácticas y discursos que en su repetición y resignificación (nunca igual) generan un orden convencional, más o menos, asimilable u homogéneo.

 

Un ejemplo burdo. Cada vez que uno entra al baño en un restaurante público, está reafirmando de forma inconsciente (por decirlo de alguna manera), ante los demás, la separación dicotómica que impera en el reino humano, es decir, el sistema binario hombre-mujer. De esta manera, si las prácticas o acciones gritaran cada vez que uno las ejecuta, el acto de entrar al baño diría: “estoy ingresando al baño de los hombres, por tanto, soy hombre, y en consecuencia, no soy mujer, ya que ellas entran en la otra habitación que tiene un luna colgada en la puerta, y no un sol”. Y además, implícitamente, agregaría a su esfuerzo sonoro: “entonces resulta que estoy de acuerdo con la separación hetero-patriarcal, la cual, piensa a las sociedades como un conjunto heterosexual dividido por hombres, de un lado, y mujeres, de otro.

 

Así las cosas, las prácticas tienen una consecuencia mayor del que, naturalmente, las personas piensan. Como diría Butler, son performativas, es decir, tienen un efecto en la realidad en la que operan. Sin embargo, a pesar del deseo de muchos por cambiar su entorno, el acto performativo no es un acto singular, no es que el individuo pueda cambiar las cosas a su antojo. Todo lo contrario, o más bien, diferente: los actos performáticos son una producción ritualizada que está dentro de ciertas tecnologías colectivas que producen ciertas actuaciones y condenan otras. De modo que el sujeto no es el responsable de la repetición: es la repetición, producto de la interacción, la que crea las condiciones temporales de la existencia.

 

Dentro del cíbermundo, estas sanciones y premiaciones, de las que tanto hablar Butler, resaltan de modo palpable. En Facebook, los likes y shares funcionan como mecanismos de perpetuación del orden que impera entre los usuarios (casi siempre abundan en inauguraciones de relaciones, en fotografías de bodas o bebés, etcétera), mientras que los “comments” generan debate sobre si lo publicado es correcto o no, es una apertura a la negociación entre los implicados.

 

En cambio, la ausencia de cualquiera de estas prácticas (share, like o comment) es un modo de sancionar el contenido publicado mediante el olvido, confinando así la realidad que el otro propone. A falta de “dislike” las prácticas discursivas que no se desean se ignoran colectivamente, o en el peor de los casos, se reportan los malestares a Facebook para que éste, como rey dictador, las elimine o destierre de su territorio. Todo un suplicio, sólo falta el verdugo.

 

En este sentido, es en ese combate de prácticas legítimas e ilegítimas, las cuales, unas se ignoran, otras se repiten (nunca de la misma manera, de ahí viene la posibilidad del cambio) y algunas son negociadas, en donde se conforma el cíbermundo, pero también el offline (o físico): faltaría poner un ejemplo que relacionará la sanción de un hombre por entrar al baño de mujeres.

 

Por eso en Facebook no es de extrañar que gracias a los centenares de likes las fotografías de los casados o bebés aparezcan tanto en los medios sociales y que los comentarios críticos de arte o literatura sean ignorados, a nivel colectivo. Finalmente, siguiendo la lógica de la performatividad, la realidad online se configura a partir de estas prácticas (likes, shares, comments o ninguna de las anteriores) que ratifican o consolidan una forma de vivir y expresarse, y no otras.


Por Luis Jaime González Gil
Maestro en Psicología Social por la Universidad Autónoma de Barcelona y Director de eResearch en Antropomedia 

Email: luisjaime@antropomedia.com

 


Referencias

Butler, J. (1990). El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad. México: Paidós, 2001.

 

 

 

 

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