El ojo tuerto: conocimiento situado

La imposibilidad de que el sujeto sea omnisciente y omnipresente, es decir, que lo conozca u observe “todo”, está latente en cualquier proceso de investigación, experimentación e intervención. Esto pese a que la ciencia realista y positivista más acérrima se empecine en desvanecer a sus productores (científicos) del texto final, narrando los resultados en tercera persona para construir un espejismo de verdad absoluta o mirada universal que reconoce todo.

 

“La falta de experiencia es inevitable, si leo a Joyce estoy sacrificando automáticamente otro libro y viceversa” dice Cortázar en su bella novela titulada Rayuela, donde además agrega: “me quedo pensando en todas las hojas que no veré yo, el juntador de hojas secas, en tanta cosa que habrá en el aire y que no ven estos ojos, pobres murciélagos de novelas y cines y flores disecadas. Por todos lados […] habrá hojas que no veré”.

 

Uno ve lo que su posición le permite mirar, y ésta no es sólo espacial, sino también epistemológica (del conocimiento que uno tenga), ideológica (por no decir implicada en relaciones de poder) y fenomenológica (de la experiencia). Entonces, como diría Deleuze cuando interpreta la obra de Foucault, resulta que la visibilidad es una máquina que produce los puntos que desea ver y, en un acto consecutivo, deja ciertas hojas en el terreno de lo imperceptible/incomprensible; son traducidas en elementos opacos, es decir, sin ninguna posibilidad visual hacia el espectador, están tras las bambalinas del escenario.

 

Desde este punto, toda presencia es ausencia al mismo tiempo: la mirada omnisciente, panóptica y global pierde sus cualidades totalizantes y penetrantes, quedándose tuerta, situada y parcial. En realidad, las formas de ver tanto aluzan como ofuscan otras visibilidades porque las aniquilan o las imposibilitan. Tal como el ejemplo de Husserl que daba a sus alumnos en clase: si tomas un cubo o paralelepípedo rectangular, lo tomes por donde lo tomes, sólo podrás ver tres de sus caras cuando en realidad tiene seis. Al final sólo queda un juego de perspectivas y enfoques.

 

Después de todo este recorrido explicativo la moraleja es sencilla: como investigadores o experimentadores, hay que mostrar cómo miramos y desde dónde nos posicionamos, no inventar una ficción de un ojo neutral que, supuestamente, no tiene ningún efecto en la realidad ya que abarca todas las perspectivas. El texto científico puede desaparecer a los autores de la investigación cuando expone las conclusiones, pero esto no quiere decir que la forma de actuar de éstos no participe en la construcción de los resultados a obtener.

 

Solamente así se puede prometer una visión objetiva, ya que trata de la localización limitada y del conocimiento situado, no de la trascendencia y el desdoblamiento del sujeto y el objeto (Haraway, 1995). O en otras palabras, es una mirada que describe el modo en que las acciones del investigador o experimentador encaminan los resultados hacia un lado, y no otro. Ocultar nunca será objetivo, mostrar posiblemente lo sea más, siempre pensando en que es una objetividad parcial.

 

 

Luis Jaime González Gil

Maestro en Psicología Social por la Universidad Autónoma de Barcelona y Director de eResearch en Antropomedia 

Email: luisjaime@antropomedia.com

 

 

 

Referencias

 

  • Ferry, L. (2006). Aprender a vivir. Filosofía para mentes jóvenes. México: Taurus.
  • Cortázar, J. (1963). Rayuela. México: Punto de Lectura.
  • Haraway, D. (1995): Ciencia, cyborgs y mujeres. Lainvención de la naturaleza. Madrid: Cátedra.
  • Deleuze, G. (1987). Foucault. Barcelona: Paidós.

 

 

 

 

 

 

 

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