Performatividad cibernética

Aunque pareciera que no, el fenómeno de internet se inscribe dentro del ámbito social, específicamente el de las prácticas (lingüísticas/no lingüísticas) que se ejecutan en un terreno cibernético todos los días, sin pausa alguna. Desde luego, la tecnología pasa a segundo plano porque son las acciones de los web-actores las que moldean y estructuran el mundo cibernético: tanto los motores de búsqueda, los banners, la publicidad en cualquier medio social, e incluso la arquitectura web, generalmente se producen o construyen gracias a la captación algorítmica de la actividad o conducta online de los internautas que se origina día a día, minuto a minuto, segundo a segundo.

 

El universo cibernético no tiene una estructura fija, ésta se desestructuraliza y estructuraliza todos los días, es un híbrido. Y esto no se refiere a que no existan reglas, sino que éstas son creadas y cambiadas en un proceso interactivo constante (Castells, 1999) entre arquitectos-web, contenidos colgados y usuarios que con su navegación generan información útil para que la red cambie. Diariamente se están produciendo realidades online únicas e individuales mediante todo un sistema de captación de cookies que reconocen quién es el que se encuentra tecleando, dictaminando así qué contenidos, sitios e información es relevante para el humano-ciborg que está del otro lado de la pantalla.

 

Bastante asombroso, toda una inteligencia cibernética basada en estadísticas y relaciones algorítmicas que, posiblemente, solo los programadores conocen y reconocen. Sin embargo, lo interesante no es tanto el lado tecnológico, estadístico y matemático que reconoce la inteligencia en masa y los movimientos en colectivo, sino (y aquí la tesis) el mundo de las prácticas: el texto que poco a poco, en grandes cantidades, se va tecleando cibernéticamente por las multitudes. En realidad es ahí donde se puede conocer los elementos que estructuran internet, el uso humano que produce un cambio en los motores de búsqueda y la red.

 

Ahora, para estudiar este texto (las palabras) en el universo cibernético hay que trascender la noción tradicional del lenguaje que lo concibe como una herramienta neutral, representativa y objetiva que se impregna en las cosas tal como una etiqueta de supermercado. No más lenguaje-ornamento, lenguaje-representación y lenguaje-mediador, la ruta de indagación y comprensión de los fenómenos cibernéticos va mejor si se concibe el lenguaje como un acto performativo (Butler, 1990): un conjunto de letras que en lugar de describir pasivamente, actúan en el mundo, crean aquello que nombran, en fin tienen un efecto en la realidad online (tal como las cookies, producidas por el texto, que moldean la navegación).

 

Evolución filología de lo pasivo a lo activo. Las interacciones digitales aunque son de carácter textual (solo letras), también son un decir-hacer que tiene una serie de efectos en la web visibles. Por ejemplo, si todo el tiempo un sujeto escribe en los buscadores cuestiones acerca de fútbol, es común, e incluso lógico, que le aparezcan banners deportivos, vídeos relacionados al deporte, sitios web que hablan de los deportistas, entre otros. Son las prácticas lingüísticas las que construyen la realidad online en la que se busca información, se chatea con amigos, o el uso que se le dé.

 

No hay esencias en internet, nunca las hubo, ni las habrá. En realidad, es la repetición de un mismo tema (junto con sus keywords) lo que genera la ilusión de una esencia interna y de una ruta de navegación fija y estable. Pero también es en esa repetición nunca homogénea, ni perfecta, donde se deprende el cambio de la actividad. En el momento en que estas acciones cambian ligeramente (en vez de escribir chile se utiliza su sinónimo ají), o radicalmente se dirigen a otros sitios, la web individual y colectiva se reinventa. He aquí la importancia de las prácticas lingüísticas pensadas desde lo performativo: en el instante en que las palabras cambien de dirección, la realidad online muta, transformándose en otra cosa, en una combinación del historial personal con el devenir del tecleo.

 

 

Por Luis Jaime González Gil
Maestro en Psicología Social por la Universidad Autónoma de Barcelona y Director de eResearch en Antropomedia 

Email: luisjaime@antropomedia.com

 

 

 

Referencias

Austin, J. (1982). Cómo hacer cosas con palabras. Barcelona: Paidós.

Butler, J. (1990) El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad. México: Paidós, 2001.

Castells, M. (1999). La Era de la Información. Vol. I: La Sociedad Red. México, Distrito Federal: Siglo XXI.

 

 

 

< Regresar