La alquimia de las multitudes

La alquimia de las multitudes

Actualmente, internet está contribuyendo a un cambio radical a niveles impresionantes en las formas de comunicarnos, y hasta en la misma realidad. Un ejemplo de ello es el movimiento #yosoy132 que caricaturizándolo podemos decir que empezó en la Universidad Iberoamericana como una queja, repulsión a Peña Nieto, para después convertirse en un movimiento más organizado que exige la democratización de los medios de comunicación. De esta manera, las redes sociales se constituyeron como un elemento indispensable para la creación, divulgación y consumación de las propuestas (muchas de las ideas que se publicaron o colgaron en la realidad virtual han sido reflejadas en la calle por medio de manifestaciones y reuniones en el exterior).


Sin embargo, pensemos claramente la situación que se nos está presentando haciéndonos la siguiente pregunta, ¿acaso internet ha creado una nueva forma de inteligencia colectiva que desafía la mecánica tradicional e institucional? No obstante, antes de contestar la pregunta, cabe mencionar que este artículo es una colaboración. Incluso la forma en la que hicimos este ejercicio valdría como respuesta, porque en realidad los autores del artículo no se vieron, toda la comunicación que se realizó para construirlo fue por internet, así que su lectura podría dar cuenta de que es posible pensar en los efectos de la web.  


JI: Internet no es una forma desafiante, sino una figura, que como enseñó Barthes, son retazos de discursos que no deben entenderse en sentido retórico, sino más bien gimnástico, o sea se trata de un gesto vivo, del cuerpo en movimiento. Internet es pues la inteligencia en movimiento, un conjunto de gestos que configura (si se apuesta por el lenguaje del software) relaciones, comunicaciones, expresiones, y en el caso de #yosoy132: protestas. Un tejido perpetuo.


LJ: En este sentido, podríamos pensar en una respuesta afirmativa, es decir que internet sí produce contenido inteligente. Estaríamos del lado de James Surowiecki y Tim O’Reilly que piensan que Internet está modificando las maneras de comunicarnos y organizarnos. El primero lo llama “sabiduría de la multitud”, mientras que el segundo “inteligencia colectiva”. De modo que las personas tienen la capacidad de crear contenido propio para participar deliberadamente en cualquier tema que deseen.


No obstante, podemos discrepar, y pensar en términos negativos, tal y como lo proponen Jaron Lanier cuando advierte que si empezamos a pensar a internet como una entidad que tiene algo propio que decir, como si fuera un actor social, estamos devaluándonos a la categoría de idiotas; Nicolas Car cuando argumenta que si vemos a la red en términos de deidades, es decir, como conjunto iluminado de máquinas y programas, ya no somos capaces de verla objetivamente; o, por último, Andrew Keen cuando arguye que si concebimos el contenido generado en la web como algo importante, estamos aniquilando la opinión de los expertos; el profesional está siendo sustituido por el aficionado y el profesor de Harvard por el populacho analfabeto.


JI: Ahora bien, no se puede devaluar la función del internet como espacio con contenidos, como espacio habitado, preguntémonos ¿quién evalúa si es o no inteligente? La web es transitada por ideas, por comunicados, por organizaciones, es una urbe de multitudes, quizá no es una forma de inteligencia pero es una autopista del lenguaje que ha demostrado que a partir de la información, se puede pensar. LJ: De tal manera, podríamos entender internet como una alquimia de las multitudes ya que el término permite asumir que no todo lo que se dice y se crea es oro; en realidad las masas son múltiples, diversas y se agrupan en varios grados más o menos rígidos de participación y de implicación. En todo caso, los webactores actuales no forman una multitud consciente con contornos bien definidos (Pisani y Piotet. 2009).


JI: Sin embargo, precisemos: cuando hablamos de multitudes y colectividades re-direccionémonos a Pablo Fernández, quien dice que la masa es un conjunto de gente que de tanto juntarse con la piel y con el alma pierden su cuerpo y mente individuales y se funden en un cuerpo y una mente colectiva. Y es que tanto el internet como la calle recorrida en multitud ofrecen una cualidad distintiva del pensamiento colectivo: el anonimato. Pasa que cuando se camina al lado de cientos de personas que cantan consigas al unísono el tono de voz se vuelve uno, la coreografía callejera toma forma, hay un ritmo para gritar, para avanzar, la masa se ha vuelto un solo cuerpo. Como en las calles el internet se recorre en masa, de un link a otro, de un mensaje a otro, las consignas no se gritan, se escriben, se suscriben, entonces le das “atender” a la próxima marcha. Las calles en tanto que espacio son recorridas por un pensamiento que gestionan sus transeúntes. El pensamiento del internet es gestionado desde sus transeúntes, es inevitable entonces, asumir que el internet piensa en medida que es un espacio.


A modo de conclusión, pensemos lo siguiente: Internet es una plataforma que potencia a un nivel impresionante la capacidad de producir información desde distintas posturas. Al final, será cuestión de la postura que tomemos para que Internet se defina, ya sea como inteligencia colectiva, sabiduría de las masas, alquimia de las multitudes, atentado contra los especialistas, enajenación tecnológica, extrapolación religiosa o cualquier término que se nos ocurra al haber leído este texto.

 

 

 

Luis Jaime González Gil

luisjaime@antropomedia.com

 

Jorge Iván Segura Michel

ivansegura.michel@gmail.com

 

 

 

Referencias

Pisani F. & Piotet D. (2009). La alquimia de las multitudes: cómo la web está cambiando al mundo. Barcelona: Paidós Ibérica. 

 

Barthes R. (2011) Fragmentos de un discurso amoroso. Madrid: Siglo XXI.

 

Fernández P. El sueño de las multitudes.

 

 

 

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