¿La individualidad? El yo como una configuración social

El yo como configuración social

Cada uno es una metáfora para los individuos con los que entablamos contacto. Ellos nos suministran imágenes de lo que implica ser una persona auténtica, y al incorporar sus modalidades de ser nos convertimos en sus sucedáneos, en metáforas de su realidad” (Gergen, 1992, p. 281).


El “yo”, en términos individuales, es una invención. Es decir, en realidad éste es más una entidad relacional que un producto individual (Gergen, 1996). Sin embargo, en los últimos años tanto la psicología como la sociología han hegemonizado exitosamente una concepción individualista de la identidad. De hecho, la mayoría de las investigaciones que se realizan, por un lado, entienden al individuo en términos autónomos, únicos y esenciales; y por otro, definen lo social como una serie de elementos externos, que al conjugarse, modifican algunas propiedades superficiales del “yo”; mas no su esencia. Lo social es un aspecto exterior: una suma de factores que circulan en la sociedad transformando los aspectos más superficiales del individuo.


No obstante, es importante recordar que las definiciones en términos esenciales son sólo una manera (entre muchas) de simbolizar y entender al individuo en función a un orden. Por lo tanto, dar cuenta de la identidad hablando de “entidades internas” como pensamientos, motivos y recuerdos simplemente permite estructurar y manejar las formas individualistas de vida (Foucault, 1970). Pensar en un individuo único resulta conveniente cuando la sociedad occidental funciona en y por las formas de sujeción independientes: un número de identificación exclusivo, una cuenta bancaria personal y un montón de problemas interiores (por esta razón los psicólogos dan consulta individual).


En esta misma línea, algunos autores mencionan que las transformaciones sociales ocasionadas por la revolución tecnológica han generado que las identidades se hayan difractado, multiplicado y revolucionado. El individuo se ha convertido en un híbrido que se balancea entre la identidad y la alteridad; no hay identidad que no postule al mismo tiempo la alteridad (Silva, 2001); de modo que lo Mismo y lo Otro desdibujan sus fronteras, es decir, ya no hay uno dentro (lo mismo) y uno fuera (lo otro); ambas dimensiones dibujan los contornos del individuo. En palabras de Gergen, (1996), el yo está suspendido en una gama de relaciones precariamente situadas que lo definen y lo hacen posible.


En fin, pensar al “yo” en términos individuales es sólo una manera de entender los procesos de identificación actuales. Hay que comprender que la identidad de un sujeto es una construcción socio-histórica: ésta tiene que ver más con un proceso relacional que con una cualidad interna que se manifiesta o representa mediante signos y conductas. En pocas palabras, el “yo” ya no es una esencia en sí sino un producto de relaciones (Gergen, 1992), un híbrido que se configura en las interacciones.

 


Luis Jaime González Gil.

Email: luisjaime@antropomedia.com

 

 

Referencias

Gergen, K. (1992) El yo saturado: Dilemas de la identidad en el mundo contemporáneo. Barcelona: Paidós.

Gergen, K. (1996). Realidades y Relaciones: Una aproximación al construccionismo social. Barcelona: Paidós.

Foucault, M. (1970). Las palabras y las cosas. Una arqueología de las ciencias humanas. Londres: Tavistock Publications.

Silva, V. (2001). La compleja construcción contemporánea de la identidad: habitar el entre. Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid.

 

Palabras claves.

Yo, Identidad, Alteridad, Construcción social.

 

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